La movilidad y la ULL.

No, las colas no han desaparecido de la noche a la mañana de la TF-5, se llaman vacaciones. Y al acabarse éstas todo volverá a la normalidad: colas y más colas. Pero nuestro Presidente del Cabildo ya no aparecerá en los medios de comunicación criticando nada. Para él, las colas ya no existen. Pero bueno, en este post quiero dejar a un lado el aspecto político y hablar, como no, del técnico (que bastantes palos ya tiene el Señor Alonso).

Debemos partir de la base que aunque la ULL no es el problema de la TF-5, este centro universitario es un estimulador de movilidad importante. Los centros educativos son generadores naturales de movilidad. La ubicación y accesos de éstos son importantes ya no sólo a nivel urbanístico, sino también de gestión de movilidad. Todo esto se acrecenta de forma exponencial si sobre lo que tratamos son universidades. Imaginemos, por un momento un embudo, donde la zona más ancha son los estudiantes de los colegios, dispersos, y la parte baja los universitarios, más concentrados.

Gestionar tal demanda de movilidad en un lugar tan concreto supone una dificultad si, encima, careces de espacio infinito. La solución no pasa por consumir ese bien escaso llamado superficie, sino gestionar bien esa demanda puntual y concreta.

Dejando a un lado la variable coste para el usuario, debemos tratar este tema con la premisa de solventar este problema consumiendo sosteniblemente los recursos. Lo primero, controlar la expansión del uso del coche como elemento de movilidad, sobre todo en grandes urbes. Aquí es donde entra, evidentemente, el factor transporte público.

Medios de transporte de masa (adaptados al tamaño y circunstancia de cada ciudad) que sean capaces de recoger en horas puntas esa alta demanda de una forma fácil, ordenada y cómoda tanto para el usuario como para el operador y prestador del servicio.

Sin embargo, existen otras horas y zonas con una demanda más irregular que no se cubre de forma factible, sobre todo en lugares donde un centro universitario recoge a alumnos de una amplia región. Es en este caso cuando el transporte a la demanda (o DRT) tiene que cobrar su protagonismo: pequeños vehículos con rutas adaptadas a la demanda del pasaje y con horarios flexibles en función de la capacidad de la expedición.

¿Cómo aplicamos a Tenerife?

Más frecuencias de transporte público
Transporte a la demanda
Restricción al vehículo privado

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